Café y cultura católica

julio 17, 2026

El café se ha convertido en parte natural de la vida cotidiana de los católicos. Desde tomar una taza antes de misa hasta ir a una cafetería al salir, el café forma parte de nuestras actividades diarias de oración, trabajo y vida en comunidad. Sin embargo, esto no siempre fue así.

Los orígenes del café se remontan al siglo IX, cuando los pastores de Etiopía se dieron cuenta de que, al comer los granos de una planta, sus cabras adquirían mayor energía y vigor. Desde ahí, el café se extendió por África oriental, llegando a la península arábiga y a buena parte del mundo islámico.

Aunque la bebida se popularizó rápidamente en Oriente Medio, muchos europeos la recibieron inicialmente con suspicacia. Algunos críticos sostenían que los cristianos no debían consumir café, al que calificaban como “bebida de Satanás” por su asociación con lo musulmán. Cuenta la leyenda que el papa Clemente VIII pidió una taza de café tras escuchar las críticas de varios cortesanos sobre esta bebida y, tras probarla, exclamó: “Esta ‘bebida de Satanás’ es tan deliciosa que sería una lástima dejar que solo los infieles hicieran uso de ella”. Después, el papa bendijo los granos de café y dio su autorización para que los cristianos pudieran consumirlos.

Más allá de la veracidad de esta anécdota, la conexión del café con el mundo católico es innegable. Incluso la palabra “capuchino” toma su nombre de la orden franciscana cuyo hábito marrón se asemeja al color del café. Puede saber más de la importancia del café en la cultura católica aquí. Para descubrir cómo toma su café el papa León XIV, puede leer este artículo del National Catholic Register.